En aulas donde muchas veces el silencio pesa más que las palabras, la educación se ha convertido en una puerta hacia nuevas oportunidades para adolescentes que hoy buscan reconstruir su historia. En la Dirección General de Reintegración Social para Adolescentes (DGRSA), aprender no solo significa pasar de grado escolar, sino volver a creer en un futuro distinto.
Detrás de cada cuaderno, de cada lectura y de cada tarea, hay docentes que todos los días apuestan por cambiar vidas a través de la enseñanza y el acompañamiento humano.
Luz Elena Acevedo Orduña, docente del Centro de Internamiento Especializado, relató que trabajar con adolescentes en proceso de reintegración social representa una experiencia profundamente transformadora.
“Aquí llegan cumpliendo una medida de sanción y con un plan de actividades diseñado para ello. Hay que enseñar desde una perspectiva diferente, tanto para el docente como para ellos, como seres humanos”, compartió.
Para la profesora, enseñar dentro del centro tiene una doble satisfacción: ejercer la profesión que soñó desde niña y, al mismo tiempo, ayudar a jóvenes a descubrir que existen otros caminos posibles.
La alfabetización, primaria y secundaria, además del acompañamiento para quienes cursan media superior o universidad, está a cargo de docentes y pedagogas que trabajan de manera cercana con los adolescentes, tanto dentro del centro como en procesos de externación.
“Para mí es compromiso, es lo más importante. Venir a trabajar aquí con ellos implica un reto diario, un aprendizaje constante, cada día se superan”, expresó Luz Elena.
Las historias de cambio son las que mantienen viva la motivación de quienes enseñan en este lugar. Ermelinda Marez, quien suma 11 años como docente en el centro de internamiento, recordó uno de los momentos que más marcó su trayectoria.
“La primera vez que me convencí de que estaba enseñando en el lugar indicado fue cuando un joven me comentó que quería terminar su primaria; después continuó con la secundaria y, al salir, consiguió un buen trabajo”, contó emocionada.
Aunque muchas veces el objetivo inicial es enseñar algo tan básico como leer y escribir, las maestras aseguran que la educación termina convirtiéndose en un motor capaz de devolver esperanza, fortalecer la autoestima y abrir nuevas posibilidades para quienes buscan rehacer su vida.
La Secretaría de Seguridad y Paz reiteró que la educación es uno de los pilares fundamentales para la reintegración social de adolescentes, pues les permite desarrollar habilidades, construir proyectos de vida y generar oportunidades para un mejor futuro dentro de sus comunidades.

