En medio del camposanto municipal de Apastepeque hay una tumba que no se parece a ninguna otra. Entre cruces oxidadas y lápidas envejecidas se levanta un pequeño castillo con torres rosadas: es el mausoleo de Greysel Julieth Mira Mejía, una niña que murió antes de cumplir un año y que hoy descansa en la obra más dolorosa y especial que su padre ha construido.
Daniel Mejía, de 32 años, es albañil. Toda su vida ha levantado casas para otros, pero jamás imaginó que algún día construiría una para su hija. Tras el fallecimiento de Greysel —quien nació con complicaciones y murió a los ocho meses, según relatan sus padres— decidió transformar su duelo en un homenaje eterno.
Durante casi un año, después de terminar sus jornadas de trabajo, Daniel regresaba al cementerio con cemento, varillas y pintura. Su esposa, Karla Mira, lo acompañaba con flores, muñecas y pequeños objetos que hoy decoran el interior del mausoleo: un peluche, una corona y un letrero que anuncia “Aquí vive la princesa Greysel”.
La estructura, de aproximadamente tres metros de alto, tiene detalles que parecen sacados de un cuento: un puente levadizo simbólico, torres celestes y un jardín de flores artificiales que los vecinos ayudan a mantener. Desde que se terminó en octubre de 2024, se ha convertido en un punto de visita.
El castillo se volvió viral durante el reciente Día de los Difuntos. Miles de salvadoreños compartieron imágenes con el hashtag #ElCastilloDeGreysel, convirtiéndolo en símbolo de amor incondicional.
A pesar de la atención que ha generado, Daniel solo pide una cosa: respeto. Y, si alguien quiere llevar flores, que sean rosadas, “porque eran las favoritas de mi niña”.
