- Andrés Filomeno Mendoza Celis fue condenado por múltiples feminicidios y desapariciones. En su vivienda fueron hallados restos humanos de 19 personas; murió en prisión a los 78 años.
Durante años, detrás de la imagen de un vecino aparentemente tranquilo, Andrés Filomeno Mendoza Celis ocultó una historia de violencia que estremeció a México. Conocido como el “Monstruo de Atizapán”, murió este jueves 29 de octubre en el penal de Tenango del Valle, donde permanecía recluido desde 2021.
El hombre, de 78 años, acumuló ocho sentencias condenatorias por feminicidio y delitos relacionados con la desaparición de personas. Su muerte fue confirmada por el secretario de Seguridad del Estado de México, Cristóbal Castañeda Camarillo.
Presuntamente Mendoza Celis padecía problemas graves de salud. La causa definitiva de su fallecimiento deberá establecerse mediante los procedimientos forenses correspondientes.
Una casa que escondía una historia de horror
El caso salió a la luz en mayo de 2021, después de la desaparición de Reyna González Amador, de 34 años. Las investigaciones llevaron a las autoridades hasta la vivienda de Mendoza Celis, ubicada en Atizapán de Zaragoza.
Lo que encontraron cambió por completo la investigación: había restos humanos, identificaciones, prendas y pertenencias de mujeres.
Los análisis periciales permitieron asociar los restos encontrados en el inmueble con 19 personas, entre ellas 17 mujeres, un hombre y un menor de edad, de acuerdo con la información difundida durante las investigaciones.
El hallazgo convirtió el caso en uno de los más estremecedores de violencia contra las mujeres en México.
Ocho condenas y una prisión vitalicia
En marzo de 2022, Mendoza Celis recibió prisión vitalicia por el feminicidio de Reyna González Amador. Posteriormente, los tribunales mexiquenses dictaron otras siete sentencias por delitos relacionados con feminicidios y desapariciones.
Entre las condenas acumuladas figuraban una pena de 92 años de prisión y seis de 55 años, además de la prisión vitalicia.
Su muerte pone fin a su vida bajo custodia penitenciaria, pero no borra el impacto de un caso que dejó familias buscando respuestas y evidenció la dimensión de la violencia feminicida.
El llamado “Monstruo de Atizapán” murió tras las rejas, mientras su historia permanece como uno de los episodios criminales más perturbadores registrados en el Estado de México.


