A partir de 2026, la Modalidad 40 del IMSS seguirá siendo una de las principales herramientas para mejorar la pensión, pero ya no será tan flexible como antes. Los nuevos ajustes al esquema obligarán a miles de trabajadores a tomar decisiones más rápidas y mejor planeadas si no quieren quedarse fuera.
Este mecanismo, utilizado sobre todo por quienes cotizaron antes del 1 de julio de 1997 bajo la Ley 73, ha permitido durante años aumentar el salario base de cotización y sumar semanas para elevar el monto de la pensión. Sin embargo, el escenario cambia.
Aunque la Modalidad 40 se mantiene como esquema de cotización voluntaria, el IMSS introduce reglas que cierran la ventana de oportunidad para muchos trabajadores:
Solo habrá cinco años desde la última baja laboral para poder inscribirse.
Será obligatorio comprobar al menos 52 semanas cotizadas dentro de los cinco años previos a la solicitud.
En la práctica, esto significa que quienes llevan mucho tiempo fuera del mercado laboral formal ya no podrán esperar indefinidamente para regularizar su situación. El reloj empieza a correr desde el momento en que se deja de cotizar.
De opción flexible a decisión urgente
Hasta ahora, la Modalidad 40 funcionaba para muchos como un “plan B” que podía activarse casi en cualquier momento antes del retiro. Con los cambios para 2026, se convierte en una decisión estratégica que debe tomarse con anticipación.
Especialistas en seguridad social advierten que estas modificaciones podrían dejar fuera a miles de personas que hoy dan por hecho que aún tienen tiempo para mejorar su pensión. La realidad es otra: quien no planee hoy, mañana podría no tener opción.
El ajuste a la Modalidad 40 no elimina el beneficio, pero sí cambia las reglas del juego. Ahora el sistema premia a quienes mantienen continuidad en sus cotizaciones y penaliza la postergación.
Para quienes están cerca de la edad de retiro, el 2026 marca un punto de quiebre:
la Modalidad 40 deja de ser solo una alternativa y se convierte en una decisión que no admite retrasos.
