Durante años, hablar de seguridad en Guanajuato era sinónimo de malas noticias. Hoy, por primera vez en mucho tiempo, los números empiezan a contar otra historia.
De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), el estado registró en diciembre de 2025 una reducción del 62 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos, si se compara con febrero del mismo año, uno de los meses más críticos en materia de violencia.
La información fue dada a conocer por la titular del SESNSP, Marcela Figueroa Franco, y no es un dato menor: se trata de la baja más significativa que ha tenido Guanajuato en los últimos años, en un contexto donde la violencia parecía haberse normalizado.
Detrás de esa disminución hay una estrategia que el Gobierno del Estado de Guanajuato decidió empujar sin medias tintas: coordinación operativa real, despliegue territorial permanente y un cambio de lógica en el combate al delito. No solo más patrullas en la calle, sino más inteligencia, más presencia y más control en zonas clave.
Fuentes estatales señalan que el punto de quiebre fue dejar de reaccionar y empezar a anticipar. Operativos focalizados, fortalecimiento de la policía estatal, trabajo conjunto con fuerzas federales y una política clara: recuperar territorio y confianza al mismo tiempo.
La reducción no borra los pendientes. Guanajuato todavía carga con una herida profunda en materia de seguridad. Pero los números de cierre de año sí marcan algo distinto: una tendencia que empieza a moverse en sentido contrario.
Las autoridades reconocen que aún falta mucho por avanzar en el tema de homicidios.
En un estado donde cada cifra tiene rostro, familia y comunidad, el descenso de homicidios no es solo un indicador técnico. Es, para muchos, la primera señal en mucho tiempo de que la violencia ya no es destino inevitable, sino un problema que —con estrategia, presión y constancia— sí se puede empezar a revertir.
