Francia vive una de las peores crisis por incendios forestales de su historia reciente. Las llamas, alimentadas por las altas temperaturas, la sequía y los fuertes vientos, han obligado a evacuar a más de 220 mil personas, principalmente en el departamento de Gironda, en el suroeste del país, donde el fuego avanza cerca de la ciudad de Burdeos.
De acuerdo con autoridades francesas de Protección Civil y el Ministerio del Interior, el operativo de emergencia mantiene desplegados alrededor de mil 500 bomberos, mil militares, decenas de aeronaves y equipos especializados para intentar contener los incendios, considerados los más graves que ha enfrentado Francia en décadas.
Los incendios han consumido cerca de 98 mil hectáreas en lo que va de 2026, una cifra sin precedentes para el país. Además de Gironda, también permanecen activos focos en Las Landas, Var, Tarn, Alta Córcega y Altos Alpes, mientras las autoridades advierten que las condiciones meteorológicas continúan siendo muy desfavorables para controlar las llamas.
El presidente Emmanuel Macron agradeció el apoyo internacional recibido y llamó a la población a mantenerse unida ante la emergencia. La Unión Europea también ha enviado aeronaves y recursos para apoyar las labores de combate al fuego.
Las consecuencias ya alcanzan a la vida cotidiana. Cientos de viviendas han resultado destruidas, carreteras y líneas ferroviarias permanecen cerradas en varias zonas y, debido a la magnitud de la emergencia, incluso se modificó el recorrido de la etapa final del Tour de Francia para garantizar la seguridad de competidores y asistentes.
Especialistas atribuyen la rápida propagación de los incendios a una combinación de calor extremo, baja humedad y fuertes ráfagas de viento, condiciones que han afectado también a otros países del sur de Europa como España e Italia, donde se registran incendios de gran magnitud.

