- Arzobispo de León cuestiona la maternidad subrogada: “la vida humana no puede convertirse en mercancía”
Jaime Calderón Calderón advierte sobre la explotación económica, la desigualdad y el riesgo de convertir la capacidad reproductiva de las mujeres y la vida de un niño en objetos de negociación.
La maternidad subrogada, conocida también como “alquiler de vientres”, no debe analizarse únicamente como una alternativa para quienes desean tener hijos, sino también desde las implicaciones humanas, sociales y éticas que puede generar.
Así lo plantea el arzobispo de León, Jaime Calderón Calderó, quien fijó su postura frente a esta práctica y señaló que el debate debe colocar en el centro la dignidad de las personas involucradas: el niño por nacer, la mujer gestante y las familias que buscan tener un hijo.
En su reflexión, el arzobispo reconoce que el deseo de tener un hijo es legítimo y comprensible, particularmente para quienes enfrentan problemas de infertilidad; sin embargo, sostiene que ese deseo no puede convertirse en un derecho absoluto que permita recurrir a cualquier medio para conseguirlo.
¿Por qué genera preocupación?
La maternidad subrogada consiste en que una mujer lleva adelante el embarazo para entregar al bebé después de su nacimiento a las personas que solicitaron el procedimiento. En muchos casos, explicó, intervienen técnicas de fertilización in vitro para crear embriones que posteriormente son implantados en el útero de la mujer gestante.
El problema, de acuerdo con la postura expuesta por el arzobispo, surge cuando este proceso deja de verse solamente como un acuerdo entre adultos y se consideran factores como la desigualdad económica, la explotación y la comercialización de la capacidad reproductiva femenina.
Calderón Calderón cuestiona particularmente si existe una libertad plena cuando una mujer acepta gestar para otra familia debido a una situación económica vulnerable.
“El cuerpo de la mujer no es un espacio alquilable”
Otro de los argumentos centrales de la opinión es que el embarazo no puede reducirse a un servicio.
El arzobispo señala que durante la gestación existe una relación física, emocional y psicológica entre la mujer y el bebé, por lo que considera problemático definir el embarazo únicamente como una prestación de servicios.
También advierte sobre los derechos y la dignidad del niño, al considerar que cuando su llegada al mundo depende de contratos, intermediarios, agencias o intereses económicos existe el riesgo de que sea tratado como un producto que puede ser negociado o rechazado.
La Iglesia pide poner a la persona en el centro
La postura del arzobispo se sustenta en la enseñanza de la Iglesia católica, particularmente en la instrucción Donum Vitae, que considera que la maternidad sustitutiva es incompatible con la dignidad de la procreación humana y con los derechos del hijo.
Sin embargo, el mensaje también reconoce el sufrimiento de las parejas que no pueden tener hijos y plantea que deben recibir comprensión, respeto y acompañamiento. Entre las alternativas que menciona se encuentran la adopción y otras formas de servicio a la vida.
Un debate que va más allá de la religión
Finalmente, Calderón Calderón plantea que la discusión sobre el “alquiler de vientres” obliga a preguntarse qué tipo de sociedad se quiere construir.
Desde su perspectiva, el progreso científico no debería medirse únicamente por las posibilidades que ofrece la tecnología, sino también por la capacidad de proteger la dignidad humana y evitar que el cuerpo de una mujer o la vida naciente sean incorporados a las dinámicas del mercado.


