Se llama palo amarillo o palo lechón y es una de las curiosidades naturales de Guanajuato. Su corteza dorada puede brillar de manera sorprendente cuando recibe los rayos del sol.
No todo lo que brilla es oro, pero en las sierras de Guanajuato existe un árbol que parece desafiar ese famoso dicho: el palo amarillo, también conocido como palo lechón o palo de oro.
Su nombre científico es Euphorbia tanquahuete y es una especie originaria de México que destaca por una característica muy peculiar: el color amarillo dorado de su tronco, que bajo la luz del sol puede parecer recubierto de pequeñas láminas de oro.

¿Por qué parece de oro?
El secreto está en su corteza, de tonalidades amarillentas y verdosas, que se desprende naturalmente en capas delgadas, casi como si fueran pequeñas hojas de papel.
Cuando la luz del sol ilumina estas superficies, el tronco adquiere una apariencia dorada que contrasta con el verde de la vegetación y los tonos cafés de las montañas.
Pero no se trata de pintura, minerales preciosos ni de algún fenómeno extraño. Es simplemente una característica natural de este árbol mexicano.
El palo lechón forma parte de la vegetación de zonas secas y serranas. Puede encontrarse en laderas pedregosas, matorrales y áreas de bosque tropical caducifolio, así como en algunos ambientes de encino.
Es un árbol que puede alcanzar varios metros de altura y que, además de su peculiar belleza, cumple una función importante en la naturaleza.
Ayuda a proteger el suelo, favorece la infiltración del agua de lluvia y proporciona refugio y alimento a distintas especies de fauna silvestre.
¿Y por qué le dicen palo lechón?
El nombre tiene una explicación curiosa. Cuando se corta una rama o una hoja, el árbol libera una sustancia blanca conocida como látex, de apariencia lechosa.
Aunque tradicionalmente se le han atribuido algunos usos medicinales, esta sustancia no debe manipularse ni utilizarse como remedio sin orientación especializada, ya que puede resultar irritante.
En Guanajuato tenemos paisajes sorprendentes y especies que muchas veces pasan inadvertidas.
El palo amarillo es una de ellas. No produce oro ni tiene un valor por algún metal precioso, pero su extraordinaria apariencia lo convierte en una pequeña joya de nuestra biodiversidad.
Así que la próxima vez que recorras las sierras guanajuatenses y descubras un árbol cuyo tronco parece brillar como el oro, podría tratarse del famoso palo lechón.

