Apenas habían entrado al nuevo recinto de Poliforum León y un crujir estruendoso se escuchó por toda la sala C5, la que iban a inaugurar, por la que fueron convocadas Libia Dennise, la Gobernadora, y Ale Gutiérrez, la Alcaldesa.
La primera de azul, la segunda de rosa. Libia llegó antes y esperó arriba de su camioneta a que llegara Ale, o al menos eso pareció. Se bajaron cada una de su vehículo y ya las esperaba la comitiva.
En los pasillos de Poliforum había expectación: si se saludarían, de qué color irían vestidas, quién las recibiría y hasta si llevarían porra o seguidores para el apoyo.
No fue el abrazo más caluroso, pero la primera prueba fue superada. La comitiva les dio la bienvenida y hasta posaron para la foto. Juntas sí, pero no revueltas.
Caminaron y los crujidos comenzaron a escucharse. Les dieron la bienvenida y se sentaron juntas. Para ser honestos, sin mucha diferencia a como era antes, cuando hace apenas unos días Ale aún era panista.
El primero en hablar fue el padre Juan Rodríguez Alba, un exorcista —y no, no es broma—, literal, un sacerdote autorizado para hacer exorcismos. Los crujidos siguieron, el micrófono se cortaba, apenas hablaba y los ruidos no cesaban.
De pronto, olor a quemado. Técnicos corriendo. Y un aviso a los asistentes: no, no fue lo que todos imaginaron —que las chispas de su encuentro estaban incendiando el lugar—, fue un corto circuito que obligó a pausar el evento.
Regresó la luz y el acto continuó. Ale subió y dio su mensaje. Aprovechó para decir, casi en tono de metáfora, que el ruido del ambiente no le impediría hablar. Repitió varias veces temas de trabajo, del esfuerzo de los leoneses, del tamaño de la ciudad, de lo importante que es León. Muy en línea con lo que días antes había dicho en radio nacional al anunciar su renuncia.
Tocó el turno de Libia y la expectación creció, sobre todo entre reporteros. Pero no, no vino una respuesta. Por el contrario, fiel a su estilo, se centró en su discurso: correcta, institucional, sin salirse. Eso sí, cerró con un “cuenten con su Gobernadora”.
El evento terminó y se despidieron. De nuevo un abrazo, tan seco como el del primer encuentro que tuvieron ya en sus cargos: una como Gobernadora, la otra como Alcaldesa.
La salida también marcó diferencias. Libia caminando más despacio, tranquila, como acostumbra. Ale, más apresurada, también fiel a su estilo, con reporteros detrás intentando alcanzarla para una declaración. Al final, ambas salieron por la misma puerta: primero Libia, después Ale.
Y en el recinto, el olor a quemado se disipó, los nervios bajaron y los organizadores —y las comitivas de ambas— por fin pudieron relajarse.
Las chispas fueron en el recinto, no entre las invitadas.


