- La falta de agua ya no se trata solamente de una crisis temporal. Una investigadora de la Universidad de Guanajuato advierte que algunas regiones del estado enfrentan una situación más grave, mientras aumenta la extracción de agua subterránea y la contaminación de presas y lagunas.
Guanajuato enfrenta un reto cada vez mayor para garantizar agua suficiente en los próximos años. De acuerdo con la investigadora de la Universidad de Guanajuato (UG), Gabriela Ana Zanor, algunas zonas del estado ya podrían encontrarse en una condición que se denomina “bancarrota hídrica”, un escenario posterior a una crisis en el que recuperar la disponibilidad del recurso resulta mucho más complicado.
La especialista, adscrita al Departamento de Ciencias Ambientales de la UG, ha estudiado la calidad del agua, sus niveles de contaminación y las fuentes que alimentan siete presas de Guanajuato.
¿Qué significa para los ciudadanos?
La advertencia tiene una consecuencia directa: cada vez es necesario buscar el agua a mayor profundidad para satisfacer la demanda.
En municipios como Irapuato, la actividad agrícola requiere grandes cantidades de agua subterránea. Aunque los acuíferos reciben cierta recarga durante las lluvias, las presas y otros cuerpos de agua superficiales también son fundamentales para mantener el abasto.
Sin embargo, la demanda ha provocado que el agua tenga que extraerse desde profundidades cada vez mayores, incluso superiores a los 700 metros, de acuerdo con la investigadora.
Esto representa un reto para las ciudades, el campo y las actividades económicas que dependen del recurso.
Las presas también enfrentan problemas
El problema no es solamente la cantidad de agua disponible. La calidad también está bajo presión.
Las presas de Guanajuato cumplen funciones agrícolas, recreativas, pesqueras y ambientales, pero el crecimiento de las ciudades, la deforestación, el cambio de uso de suelo y las actividades agrícolas hacen que residuos y nutrientes lleguen a los cuerpos de agua.
En la presa La Purísima, por ejemplo, existen antecedentes relacionados con la actividad minera de la región. Los estudios realizados han detectado concentraciones importantes de hierro y arcilla en sus sedimentos, mientras que durante las temporadas cálidas pueden presentarse floraciones de algas que modifican las condiciones del agua.
En La Esperanza, en Guanajuato capital, las tonalidades anaranjadas o cafés que puede adquirir el agua durante las lluvias están relacionadas con la presencia de rocas con alto contenido de hierro. Por ello, se plantea la importancia de acciones como la reforestación y el control de la erosión.
Mientras tanto, la presa Ignacio Allende y la Laguna de Yuriria enfrentan un crecimiento importante de lirio acuático.
Aunque sus flores pueden resultar atractivas, esta planta genera grandes cantidades de materia orgánica que al descomponerse reduce el oxígeno disponible en el agua, afectando las condiciones necesarias para peces y otros organismos.
Agricultura, contaminación y agua: un reto que se conecta
En la Laguna de Yuriria también se ha identificado un aumento de sales que podría provocar una mineralización progresiva del cuerpo de agua.
La investigadora señala que es necesario mantener un monitoreo permanente, controlar las descargas de los afluentes y mejorar el uso de agroquímicos para reducir la llegada de residuos al agua.
Un escenario similar se observa en la presa Solís, en Acámbaro, la más grande del estado, donde la UG realiza investigaciones desde 2024.
La presa recibe agua de los ríos Lerma y Tigre y está rodeada por comunidades y extensas zonas agrícolas dedicadas principalmente al cultivo de maíz, trigo y sorgo.
Los estudios realizados hasta ahora han encontrado concentraciones elevadas de nitrógeno y fósforo, relacionadas con la actividad agrícola.
El reto: tener agua sin dejar sin agua al campo
La situación plantea un desafío particularmente importante para Guanajuato: la agricultura necesita agua para producir alimentos y mantener empleos y actividades económicas, pero la población también necesita que se garantice su acceso al recurso.
Entre las alternativas señaladas por la especialista se encuentra la tecnificación del riego, que permitiría utilizar el agua de manera más eficiente y reducir los volúmenes destinados al campo.
Esta medida podría ayudar a liberar agua para otras poblaciones que enfrentan problemas de disponibilidad.
Además, el tema cobra especial relevancia ante el proyecto del Acueducto Solís-León, debido a que la presa Solís forma parte del análisis relacionado con el abastecimiento de agua para León y otros municipios.
De concretarse el aprovechamiento para consumo humano, la calidad del agua requeriría procesos de tratamiento y purificación que garanticen condiciones adecuadas para la población.
“No es tarde para actuar”
A pesar del escenario descrito, la investigadora de la UG subraya que todavía existen acciones que pueden realizarse.
La propuesta incluye fortalecer la cultura del agua, impulsar la educación ambiental, mejorar el monitoreo de presas y acuíferos, proteger las cuencas y establecer estrategias sustentables que permitan garantizar agua tanto para las generaciones actuales como para las futuras.
La especialista también considera que el cuidado del agua no corresponde únicamente a las autoridades o investigadores, sino que requiere la participación de la sociedad.
“Pequeñas acciones”, acompañadas de políticas y estrategias de manejo adecuado del recurso, pueden contribuir a enfrentar un problema que ya tiene efectos sobre las actividades agrícolas, los ecosistemas y el abastecimiento de las ciudades.
Un problema que también tiene memoria
La investigación de la Laguna de Yuriria aporta además una mirada histórica. Los sedimentos estudiados por la especialista funcionan como una especie de archivo ambiental que permite conocer cómo ha cambiado el ecosistema a lo largo del tiempo.
Actualmente se proyecta una exposición museográfica en colaboración con el Gobierno Municipal de Yuriria y especialistas en arte, con la intención de que habitantes y visitantes conozcan el valor ambiental, histórico y cultural de este cuerpo de agua.
La advertencia es clara: el agua no solamente debe buscarse cuando hace falta; también debe protegerse antes de que recuperarla resulte mucho más difícil.


