La creciente tendencia entre jóvenes de optar por tener “perrijos” —es decir, tratar a sus mascotas como hijos y decidir no formar una familia— fue calificado por el padre Miguel Zúñiga como un “problema antropológico”, al considerar que equiparar a una mascota con un hijo desdibuja desde la visión católica la dignidad y vocación propia del ser humano.
El padre Miguel Zúñiga, director espiritual de Cruzadas Matrimoniales en Silao, señaló que detrás de este fenómeno existe un temor profundo de los jóvenes hacia el compromiso matrimonial y la responsabilidad que implica formar una familia.
“Hay jóvenes que buscan la parte matrimonial, pero es como el miedo a la responsabilidad, el miedo al fracaso, el miedo tal vez a ‘no voy a poder’ o ‘no estoy preparado’”, expresó el sacerdote. A su decir, este temor ha limitado principalmente a los matrimonios jóvenes a dar el paso hacia el compromiso formal.
Sobre el uso del término “perrijo”, que se ha popularizado en los últimos años, el padre Zúñiga consideró que el tema va más allá de una simple moda. “Ya hablar del tema de tener a lo mejor como un perrijo, como se ha nombrado en los últimos años, pues yo creo que ya es un problema antropológico”, afirmó.
Explicó que, desde la visión católica, el ser humano posee una dignidad especial otorgada por Dios al haber sido creado a su imagen y semejanza, con capacidad de amar, interactuar y razonar. En este sentido, advirtió que sustituir la paternidad o maternidad por el vínculo con una mascota puede reflejar una confusión sobre la naturaleza y vocación propia de la persona.
