Hoy están en playlists, fiestas y redes sociales… pero también en medio de la polémica. Los corridos tumbados suelen ser señalados por hacer apología de la violencia, aunque expertos aseguran que esta visión se queda corta.
El historiador Luis Omar Montoya Arias, en entrevista con la Universidad de Guanajuato, explicó que este género no nació para glorificar el crimen, sino para contar historias reales.
De hecho, el corrido existe desde el siglo XIX. En aquel entonces era como el “periódico del pueblo”: narraba batallas, injusticias y personajes de la vida real, especialmente durante la Revolución Mexicana.
Con el paso de los años, el género se transformó junto con la sociedad. Cambió de temas, de sonido y de protagonistas. En los años 60, con la radio y la industria musical, agrupaciones como Los Tigres del Norte lo llevaron a otro nivel, contando historias de migrantes, política y hasta del narcotráfico, generando incomodidad y censura.
Décadas después, llegó una nueva generación. En 2018 surgieron los corridos tumbados, impulsados por artistas como Fuerza Regida y Natanael Cano, quienes mezclaron lo tradicional con sonidos urbanos y letras que reflejan la realidad actual.
Sí, muchas de sus canciones hablan de violencia, pero para el especialista esto no significa que la promuevan. “Reflejan lo que está pasando en la sociedad, lo que muchas veces no se quiere ver”, explicó.
Además, destacó que detrás de estos artistas hay técnica, innovación y una evolución musical que ha llevado al género a escenarios internacionales.
Sobre la idea de prohibirlos, Montoya fue claro: censurar no soluciona el problema. “Son fenómenos sociales complejos, no se arreglan con restricciones”, advirtió.
Así, mientras unos los critican y otros los cantan a todo pulmón, los corridos —desde los de antes hasta los tumbados— siguen cumpliendo la misma función: contar la historia del México real, ese que se vive todos los días.


