En la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Guanajuato, las redes sociales encontraron un nuevo motivo para la confrontación: que si abuchearon a la Gobernadora, que si los gritos fueron contra la Presidenta, que si unos ganaron la guerra de porras y otros terminaron derrotados.
El problema es que, entre tanto grito, la noticia terminó pasando a segundo plano.
Los actos públicos suelen reunir a simpatizantes de distintas fuerzas políticas. Algunos llegan a respaldar a sus representantes; otros, a manifestar su inconformidad. Pero una cosa es lo que ocurre entre unos cuantos asistentes y otra muy distinta convertir esas expresiones en el sentir de toda una multitud.
Una cámara enfocada en un grupo, un video de diez segundos o un audio donde predominan los abucheos pueden construir una percepción que no necesariamente representa lo sucedido en su conjunto.
En eso entran también los medios. Seducidos por el escándalo, a veces se termina otorgándole mayor relevancia a una guerra de porras que al contenido de la visita, los anuncios o los compromisos asumidos.
No se trata de ocultar los abucheos ni de negar las expresiones de inconformidad. Se trata de dimensionarlas, contextualizarlas y no confundir el volumen de unos cuantos con la voz de todos.
Porque cuando la cobertura se reduce a descubrir quién gritó más fuerte, dejamos de preguntarnos lo verdaderamente importante: ¿qué se dijo, qué se anunció y qué cambia para Guanajuato?
Al final, las porras se apagan. Las decisiones permanecen.
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Cuando el ruido se convierte en noticia
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