Por: El de Enmedio
La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE no pudo llegar en un momento más delicado. México se encamina a las elecciones de 2027 con el árbitro electoral inmerso en una crisis que va mucho más allá de la salida de su presidenta.
Los señalamientos por presuntas irregularidades en contratos, las investigaciones y las renuncias de funcionarios han colocado sobre la mesa una preocupación mayor: la confianza ciudadana en quien tendrá la responsabilidad de contar los votos.
Porque una elección no solamente necesita organizarse bien. Necesita que quienes ganen y quienes pierdan reconozcan la legitimidad de sus resultados.
El INE asegura que los preparativos continúan. Y así debe ser. Pero cumplir el calendario electoral no necesariamente significa recuperar la credibilidad institucional.
Ahora corresponde a la Cámara de Diputados elegir a quien encabezará el organismo. Una decisión que exigirá acuerdos políticos, pero sobre todo garantías de independencia.
El riesgo no está únicamente en las posibles fallas operativas. Está en llegar a las urnas con una autoridad cuestionada y que cualquier resultado cerrado encuentre terreno fértil para la desconfianza.
Taddei se fue, pero las dudas permanecen. Las investigaciones deberán esclarecer responsabilidades y la nueva conducción tendrá que demostrar que el instituto está por encima de intereses personales o partidistas.
Porque en democracia tan importante es contar correctamente los votos como conseguir que los ciudadanos confíen en quien los cuenta.
Cuando el árbitro pierde credibilidad, hasta el resultado más limpio puede terminar bajo sospecha.

