Con el inicio de los primeros meses del año, León vuelve a ser paso obligado de una tradición que cruza generaciones: el peregrinar de los sanjuaneros, hombres y mujeres que recorren kilómetros para cumplir una promesa, pedir un favor o simplemente seguir una fe que no se negocia.
En estos días, no es raro verlos caminar por las carreteras, avanzar en grupo por los acotamientos o descansar a la sombra de cualquier árbol. Para ellos, el trayecto es tan importante como el destino. Para quienes vivimos en la ciudad, es también un recordatorio de que la calle se comparte.
La temporada apenas comienza y, como cada año, trae consigo un llamado sencillo: ser amables y ser solidarios. Reducir la velocidad, ceder el paso, evitar bocinazos innecesarios y, si está en nuestras manos, ofrecer agua o una palabra de aliento. No cuesta nada y puede hacer la diferencia.
Los sanjuaneros no solo cruzan León; forman parte del paisaje humano de la región. Su paso activa la memoria colectiva y nos recuerda que todavía existen formas de caminar la vida con paciencia, sacrificio y esperanza.
Hoy más que nunca, vale la pena que la ciudad se convierta en un lugar de paso seguro. Porque cuidar a quien va en camino es también una manera de cuidarnos como comunidad. Si haz sido sanjuanero Cuéntame tu historia
