- A los 11 años, Renata Salinas Estrada ya representa a México en skate. Su historia comenzó a los 4 años, cuando veía a otros jóvenes practicar frente a su casa; hoy, su familia hace grandes esfuerzos para llevarla a entrenar y competir.
Renata Salinas Estrada tenía apenas 4 años cuando comenzó a mirar con curiosidad a los jóvenes que llegaban al Parque Extremo Llamas, en la colonia Las Ilamas, con patinetas y bicicletas.
Vivía prácticamente frente al lugar y poco a poco nació en ella la inquietud por probar aquel deporte.
Primero fueron los patines, después la bicicleta y finalmente llegó la patineta, sin saber que aquel juego de niña terminaría llevándola a convertirse, a sus 11 años, en seleccionada nacional de skate.
Su historia comenzó con algo tan sencillo como una patineta usada.
Los jóvenes que frecuentaban el parque comenzaron a acercarse a Renata, la animaron a practicar y terminaron regalándole su primera tabla. Era un equipo usado, pero tenía todo lo necesario para comenzar: tabla, trucks y llantas.
Aquella patineta fue suficiente para despertar en ella algo que con el tiempo se convertiría en una verdadera pasión.
“Yo veía a los chavos que llegaban con patineta, con bicicleta”, recuerda Renata.
Después, su familia también comenzó a respaldar su interés. Para su primer Día de Reyes recibió una patineta nueva, aunque no profesional, de las que pueden encontrarse en tiendas de autoservicio.
No importaba que no fuera el equipo especializado con el que entrenan los profesionales. Para Renata lo importante era comenzar.
Y comenzó.
Una niña sobre una patineta que tuvo que vencer prejuicios
Para Miriam Guadalupe Salinas Estrada, mamá de Renata, aceptar que su hija practicara skate tampoco fue sencillo.
Sabía que se trataba de un deporte en el que las caídas y lesiones son parte del aprendizaje. Pero además tuvo que escuchar críticas de personas que consideraban que una niña no debería practicarlo.
Miriam recuerda que incluso llegaron a decirle que su hija “era un niño” por practicar skate o que se trataba de un deporte relacionado con el consumo de drogas.
Sin embargo, decidió no dejarse llevar por esos comentarios.
La prioridad era ver qué significaba el deporte para su hija.
Con el paso del tiempo, comenzó a notar cambios en Renata. La niña se volvió más enfocada en sus actividades y encontró en el skate una manera de canalizar su energía y concentrarse en algo que realmente disfrutaba.
Cuando está estresada, explica su mamá, buena parte de sus pensamientos están en la patineta y en intentar conseguir ese truco que todavía no le sale.
Y cuando finalmente lo logra, llega la satisfacción.
“Es cuestión de uno mismo apoyarla y darle ánimo porque es lo que se necesita”, explica Miriam.
El camino hacia la selección nacional
Lo que comenzó como una actividad frente a su casa fue creciendo.
Renata empezó a entrenar con mayor constancia y a participar en competencias. El esfuerzo la llevó a conocer otros lugares del país y finalmente a formar parte de la selección nacional.
A sus 11 años ya ha viajado a entidades como Jalisco, Ciudad de México y Yucatán.
Para ella, cada viaje representa también una experiencia nueva.
“Este deporte me ha ayudado mucho. He conocido muchos lugares nuevos”, cuenta.
Cuando le preguntan qué hizo para llegar a ser seleccionada nacional, su respuesta es sencilla:
“Con mi esfuerzo y echando muchas ganas”.
Pero detrás de esa frase existe una importante inversión de tiempo y esfuerzo por parte de su familia.
Madrugar para entrenar
Desde Las Ilamas hasta la deportiva Nuevo Milenio, donde Renata realiza parte de sus entrenamientos, el traslado puede tomar alrededor de una hora y media.
Eso significa que para llegar a entrenar hay días en los que la familia tiene que levantarse alrededor de las 6 de la mañana.
Su mamá reconoce que implica sacrificios económicos, de tiempo y de organización familiar.
Pero asegura que cuando observa a su hija disfrutar lo que hace, las dificultades pasan a segundo plano.
Para Miriam, no se trata solamente de llevarla a entrenar. También significa acompañarla en sus competencias, buscar la manera de trasladarla y enfrentar los gastos que implica que una niña pueda continuar desarrollándose como deportista.
“Sí es sacrificio, pero realmente ver a la niña feliz y ver que le gusta el deporte, pues la verdad, no me impide mucho”, señala.
También ha habido caídas y lesiones
El camino de Renata no ha sido sencillo.
Como cualquier persona que practica skate, las caídas forman parte de los entrenamientos, pero algunas han sido particularmente fuertes.
Uno de los momentos más complicados ocurrió en abril de este año, cuando sufrió un accidente durante una práctica.
La patineta terminó golpeándola en sus partes íntimas y la lesión fue de tal magnitud que tuvo que permanecer cuatro días hospitalizada.
Para Miriam fueron días de angustia.
La mamá relata que durante ese periodo prácticamente no durmió, mientras permanecía pendiente de su hija y de la atención médica que recibía.
Renata tuvo que pasar varios momentos difíciles, pero la lesión tampoco consiguió alejarla definitivamente de la patineta.
Para su familia, cada accidente se convierte en una preocupación, pero también en una muestra de la determinación de la niña para continuar.
La preocupación de su mamá: el costo de representar a México
Mientras Renata avanza en el deporte, su mamá enfrenta otra preocupación: los gastos que implica que una niña seleccionada nacional pueda acudir a entrenamientos y competencias.
Miriam asegura que hasta ahora su hija no ha recibido apoyo económico para estos traslados.
Afirma que tampoco han recibido respaldo de organismos deportivos como CODE o MUDE, ni del gobierno, pese a que Renata forma parte de la selección nacional.
Según explica, los viajes fuera de León representan un gasto considerable para la familia.
En algunas ocasiones, incluso, han tenido que buscar alternativas para que Renata pueda acudir a sus compromisos deportivos cuando ellos no tienen posibilidades de acompañarla.
Para Miriam, la situación no solamente afecta a su hija.
Considera que puede convertirse en una dificultad para otros jóvenes que tienen talento y forman parte de alguna selección, pero cuyas familias no cuentan con los recursos suficientes para pagar viajes, hospedaje, alimentación y demás gastos.
“Hay veces que yo la mando sola”, relata.
Su preocupación es que la falta de recursos termine convirtiéndose en una barrera para que los jóvenes puedan continuar desarrollándose en el deporte.
El orgullo de una mamá
A pesar de todo, Miriam habla de su hija con orgullo.
Recuerda las primeras veces que se subió a una patineta y contrasta aquellos días con las competencias en las que ahora la ve representar a México.
“¿Hasta dónde ha llegado mi niña?”, se pregunta.
En el camino han quedado lesiones, accidentes, madrugadas, viajes, gastos y momentos complicados.
Pero también están los logros.
Y cada vez que Renata sale a competir, su mamá experimenta una mezcla de emoción y orgullo.
“Realmente me emociona mucho y la veo muy alegre, y la verdad, me siento muy orgullosa de ella”, dice.
Renata no piensa detenerse
A sus 11 años, Renata tiene claro que todavía le queda mucho camino por recorrer.
El skate no solamente le ha permitido competir y conocer otros lugares; también le ha enseñado a insistir cuando un truco no sale a la primera.
Caerse y volver a intentarlo se ha convertido en parte de su aprendizaje.
Por eso, cuando le preguntan qué les diría a los niños y jóvenes que todavía no encuentran un deporte o una actividad que les guste, responde:
“Que se motiven y que no tengan miedo”.
Y agrega:
“Que nunca dejen sus sueños por atrás”.
Renata ya sabe lo que significa caerse.
También sabe lo que significa levantarse.
La niña que comenzó patinando cerca de su casa, con una tabla usada que le regalaron unos jóvenes del parque, hoy forma parte de la selección nacional.
Y aunque el camino todavía tiene obstáculos, ella asegura que no tiene miedo.
Su historia, apenas comienza.


