Bastó que Alejandra Gutiérrez dejara el Partido Acción Nacional para que, de pronto, todos despertaran. Los regidores del PAN anunciaron una agenda de 25 iniciativas para los meses que quedan de gobierno. Los aspirantes comenzaron a recorrer colonias. Descubrieron que hay calles abandonadas, que la gente está cansada, que hacen falta oportunidades y que León necesita cambiar, como si acabaran de llegar.
Lo curioso es que ninguno de ellos es nuevo. Han gobernado la ciudad durante décadas. Han tenido mayoría en el Ayuntamiento, el control de las decisiones y el tiempo suficiente para hacer realidad muchas de las cosas que hoy anuncian como si fueran una novedad.
Por eso cuesta trabajo creer que el problema fuera la falta de ideas.
Porque cuando un partido permanece demasiado tiempo en el poder, corre el riesgo de confundirse; empieza creyendo que gobierna para la ciudad y termina gobernando para conservarse, la política deja de ser servicio y se convierte en administración de certezas.
Y las certezas son peligrosas. Hacen pensar que la confianza de la gente es inagotable, que las elecciones siempre se ganan y que todavía habrá tiempo para resolver lo que hoy puede esperar. Poco a poco, la ciudad deja de ocupar el primer lugar y la política comienza a mirarse a sí misma.
Por eso no creo que Acción Nacional haya empezado a perder León con la salida de Alejandra Gutiérrez. Esa derrota comenzó hace mucho tiempo, aunque las urnas siguieran dándole triunfos. Porque ganar una elección no siempre significa conservar la confianza de una ciudad. Hay derrotas que se incuban en silencio y tardan años en hacerse evidentes.
León empezó a perderse cuando se volvió normal escuchar que el empleo ya no alcanza, que abrir un negocio cuesta más, que las juventudes buscan oportunidades fuera, que la movilidad empeora y que la planeación urbana parece siempre correr detrás del crecimiento. Se perdió cuando los problemas dejaron de sorprender a quienes gobernaban y pasaron a formar parte del paisaje cotidiano.
No se trata de deslindar responsabilidades. Alejandra Gutiérrez encabezó un gobierno de Acción Nacional y, como alcaldesa, le corresponde una parte de esa historia. Pero su salida provocó algo inesperado, obligó al panismo leonés a salir de una comodidad en la que llevaba demasiado tiempo instalado.
De pronto aparecieron las propuestas, las conferencias de prensa, las agendas legislativas, los recorridos por las colonias, los discursos sobre el cambio; todo junto y casi al mismo tiempo.
Y eso inevitablemente lleva a una pregunta: si todas esas ideas existían, ¿por qué esperar hasta ahora?
Tal vez porque el poder tiene una extraña capacidad para adormecer a quienes lo ejercen. Mientras todo parece seguro, las decisiones pueden esperar. Pero cuando esa seguridad desaparece, la política recupera una velocidad que hacía años no mostraba.
También llama la atención escuchar a quienes aspiran a gobernar León decir que la ciudadanía les expresa cansancio, abandono y deseos de un cambio. Es un diagnóstico acertado, sin duda, lo extraño es presentarlo como si fuera un descubrimiento reciente. Esas voces llevan años diciendo exactamente lo mismo. La diferencia es que ahora sí las escuchan.
Lo preocupante es que, junto con esa desesperación también comenzó la carrera anticipada por el poder. Ya vemos recorridos que parecen campañas sin llamarse campañas, una competencia permanente por los reflectores, la entrega de apoyos convertida en estrategia política y una guerra sucia que cada día resulta menos discreta. La urgencia por ocupar el vacío que dejó un liderazgo parece estar desplazando la conversación sobre los problemas reales de la ciudad.
Desafortunadamente, mientras los actores políticos aceleran el paso, León sigue esperando respuestas, no anuncios, ni promesas de último momento… Respuestas.
Quizá la mayor lección de todo esto sea que ninguna fuerza política debería necesitar una sacudida para recordar por qué gobierna. Al final, las y los ciudadanos no sólo evaluarán las promesas que vienen. También les recordarán las oportunidades que ya tuvieron.
