La historia de Toñi, una de las orcas más conocidas del Estrecho de Gibraltar, dio un giro preocupante. El ejemplar, de aproximadamente 60 años y considerado el más longevo de la población de orcas del Estrecho y el golfo de Cádiz, fue avistado en agosto con lesiones en su aleta dorsal que son compatibles con impactos de perdigones.
El caso encendió las alarmas entre organizaciones conservacionistas y autoridades españolas, que ya investigan qué ocurrió con la llamada “abuela” de las orcas ibéricas.
De acuerdo con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), el organismo tuvo conocimiento del caso el pasado 11 de agosto, luego de recibir información de la organización conservacionista WeWhale, que trabaja en la zona con autorización administrativa. Un día después se abrieron actuaciones previas para determinar qué sucedió y, en su caso, identificar a los responsables.
Las imágenes difundidas muestran marcas en la aleta dorsal de Toñi que podrían ser consecuencia de disparos con una escopeta de perdigones. Organizaciones especializadas han señalado que se observan alrededor de diez impactos, además de heridas en el lomo.
Una orca especialmente importante
Toñi no es una orca cualquiera. Su edad estimada, de unos 60 años, la convierte en el ejemplar más longevo conocido de esta población y en una figura importante dentro de su grupo.
Los especialistas consideran que los ejemplares adultos tienen un papel relevante en la transmisión de conocimientos y comportamientos dentro de las familias de orcas. Por ello, las lesiones sufridas por Toñi no solamente representan un riesgo para su propia salud, sino que también generan preocupación por el impacto que pudiera tener sobre su grupo.
La población de orcas del Estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz se encuentra catalogada como vulnerable en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, por lo que se encuentra bajo una protección especial. La legislación española prohíbe acciones dirigidas a matar, capturar, perseguir o molestar a estos animales.
¿Qué pasará con el responsable?
Por ahora no se ha identificado públicamente a ninguna persona como responsable de las lesiones.
El MITECO mantiene abierta la investigación y advierte que una agresión contra una especie protegida puede derivar en sanciones de hasta 2 millones de euros, además de posibles responsabilidades penales.
El caso ocurre además en medio de años de interacciones entre orcas y embarcaciones en las aguas de la península ibérica. Las autoridades españolas han establecido recomendaciones específicas para navegantes con el objetivo de reducir los riesgos tanto para las personas y barcos como para las propias orcas.
Por ahora, Toñi continúa siendo monitoreada. Su aparición herida vuelve a poner sobre la mesa una realidad que preocupa a los especialistas: la población de orcas ibéricas es pequeña y está protegida, por lo que cualquier daño a uno de sus ejemplares puede tener consecuencias mucho mayores que las de un simple encuentro en el mar.



