Ante el creciente interés de algunos jóvenes por movimientos o identidades como la llamada comunidad Therian, el párroco José García Hernández, de la parroquia del Apóstol San Judas Tadeo en Silao, consideró que más que juzgar o criticar estas expresiones, la sociedad debe preguntarse qué ejemplo está dando a las nuevas generaciones.
El sacerdote reflexionó que en décadas pasadas muchas personas encontraban inspiración en figuras cercanas como maestros, familiares o líderes comunitarios, quienes sin necesidad de grandes discursos transmitían valores a través de su forma de vivir.
“Convivíamos con personas profundamente inspiradoras: maestros, algún sacerdote, un tío, hombres y mujeres auténticos y serviciales. Eso es lo que hoy necesitamos recuperar”, expresó.
Para el párroco, cuando surgen tendencias o inquietudes entre los jóvenes, como el fenómeno Therian, es importante evitar los señalamientos o juicios despectivos y, en cambio, enfocarse en brindar orientación y ejemplos positivos.
“Hoy puede ser el Therian, mañana puede ser otra moda o inquietud. Lo importante no es clavarnos en el juicio, sino preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para inspirar a quienes vienen detrás”, señaló.
Una sociedad que corre demasiado rápido
El sacerdote también explicó que estos fenómenos están relacionados con los cambios sociales actuales, en los que las ideas y las relaciones se transforman rápidamente. Citó el concepto de “sociedad líquida” del sociólogo Zygmunt Bauman, donde los pensamientos, sentimientos y relaciones se vuelven cada vez más cambiantes.
“Vivimos en un ritmo vertiginoso donde el pensamiento corre muy rápido. Si no existen espacios para reflexionar, todo se vuelve frágil”, comentó.
En ese sentido, aseguró que muchos jóvenes actualmente buscan justamente lo contrario: momentos de tranquilidad, reflexión y espacios donde puedan detenerse a pensar sobre su vida y su identidad.
Inspirar desde la familia y la comunidad
El padre García Hernández consideró que no se trata de que la sociedad esté abandonando a los jóvenes, sino de reforzar los modelos positivos desde distintos ámbitos: familia, escuela, iglesia y comunidad.
“Todos podemos ser modelos inspiradores. Desde los padres, maestros, grupos juveniles o pastorales, podemos ayudar a fortalecer a las nuevas generaciones”, afirmó.
Finalmente, el sacerdote insistió en que la responsabilidad de orientar a los jóvenes no recae únicamente en la jerarquía religiosa, sino en toda la comunidad.
“La Iglesia no es solo la jerarquía; somos todos los bautizados. La pregunta es qué estamos haciendo cada uno para inspirar a los jóvenes y ayudarles a construir un pensamiento fuerte y con sentido”, concluyó.
