José Cruz Jaramillo Díaz tenía apenas 14 años. Le decían de cariño Crucito. Era estudiante de secundaria, vivía en Romita y quienes lo conocían lo recuerdan como un hijo y hermano amoroso, siempre pendiente de su familia.
Un accidente terminó con su vida, pero no con su historia.
En medio del dolor por su pérdida, sus padres tomaron una decisión extraordinaria: donar sus órganos para darles una nueva oportunidad de vida a cinco personas que esperaban un trasplante, la mayoría niñas y niños.
La decisión movilizó a equipos médicos y de emergencia desde la noche del viernes y durante el sábado, cuando la Secretaría de Salud de Guanajuato activó el protocolo “Código Vida” en el Hospital de la Gente, en León.
El corazón de Crucito fue trasladado por vía aérea al Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, mientras que sus dos pulmones fueron destinados al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, ambos en la Ciudad de México.
Uno de sus riñones permaneció en Guanajuato, destinado al Hospital de Especialidades Pediátrico de León, y el otro fue enviado al Hospital Infantil de México Federico Gómez.
Cinco pacientes, cinco nuevas oportunidades de vida gracias a la decisión de una familia de Romita.
El operativo requirió la coordinación del Centro Estatal de Trasplantes de Guanajuato (CETRA), personal médico y corporaciones de emergencia, entre ellas el Sistema de Urgencias del Estado de Guanajuato (SUEG), para garantizar el traslado de los órganos.
El secretario de Salud estatal, Gabriel Cortés Alcalá, reconoció la generosidad de los padres de Crucito, quienes, aun enfrentando una pérdida irreparable, decidieron ayudar a otras familias.
La historia de este adolescente de Romita deja una profunda lección sobre la donación de órganos.
Crucito tenía apenas 14 años y muchos sueños por delante. Hoy, gracias a sus padres, cinco personas tienen una nueva oportunidad para seguir construyendo los suyos.


