Prefieren enfocarse en su desarrollo personal, cuidar su salud mental y vivir sin la presión de criar en un país inseguro y en crisis ambiental
En México, cada vez más jóvenes deciden no tener hijas o hijos. No es una moda, sino una decisión reflexiva y fundamentada en diversas razones: desde la precariedad económica hasta la crisis ambiental y emocional que enfrentan en su día a día.
Un estudio realizado por la UNAM, a través de entrevistas a más de 20 estudiantes de posgrado mayores de 25 años, reveló que formar una familia no figura entre sus prioridades. En su lugar, optan por centrarse en metas personales, estabilidad económica, salud mental, e incluso el cuidado del planeta.
A la par, los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) respaldan esta tendencia: en 2023 se registraron 1 millón 820 mil 888 nacimientos, 70 mil 500 menos que el año anterior y 642 mil menos que en 2014. La tasa de nacimientos por cada mil mujeres en edad fértil también bajó, pasando de 74.2 en 2014 a 52.2 en 2023.
Las razones detrás del “no quiero tener hijos”
- Inestabilidad económica:
Muchos entrevistados, como Luis Sergio Mora y Raúl Álvarez, compartieron que la precariedad laboral y los bajos salarios no les permiten garantizar una vida digna a una descendencia. Prefieren enfocarse en conseguir vivienda propia, estabilidad y desarrollo profesional antes que asumir una paternidad que consideran inviable.
- Salud emocional y crianza consciente:
Otros jóvenes, como Camila Zuñiga y Andrea Guerrero, consideran que no están emocionalmente preparados para criar. Algunos crecieron en ambientes hostiles y temen repetir patrones dañinos. “Formar adultos funcionales requiere una salud mental que aún estoy construyendo”, confiesa Andrea.
- Sobrepoblación y recursos limitados:
Varios coinciden en que el mundo ya tiene demasiados habitantes. “No tiene sentido traer más personas cuando ya no hay recursos suficientes”, apunta Viridiana García. A esto se suma la saturación de servicios, falta de vivienda y la competitividad desbordada por espacios y oportunidades.
- Crisis ambiental:
El deterioro del planeta también influye. Temperaturas extremas, mala calidad del aire y escasez de agua hacen que muchos se pregunten: “¿Qué mundo le dejaría a un hijo?”. Para personas como Perla Cortés o Alejandro Matus, la respuesta es clara: ninguno habitable.
- Inseguridad:
En un país donde la violencia es constante, jóvenes como Citlally Chávez aseguran que no desean exponer a una hija o hijo a una vida de miedo e incertidumbre. “Me daría terror que vivieran lo que yo he vivido como mujer”, comenta.
- Enfermedades hereditarias y salud física:
Algunas personas mencionan factores de salud, como padecimientos genéticos o enfermedades crónicas que podrían transmitir. Otros rechazan el embarazo por los cambios físicos y emocionales que implica, prefiriendo otros tipos de vínculos afectivos, como con sus mascotas.
- Superación profesional y estilo de vida:
También hay quienes simplemente quieren viajar, seguir estudiando, cumplir metas, y no interrumpir su desarrollo. “No quiero hijos porque aún me falta mucho por vivir y lograr”, resume Diana Gómez.
