Mientras millones de personas viven la emoción de cada Copa del Mundo desde sus hogares, Isela “N” la disfruta de una manera muy distinta: privada de su libertad, pero con la misma pasión por el fútbol y con la esperanza de que algún día volverá a compartir un partido con sus hijas y su nieto.
A sus 50 años, Isela recuerda que antes de ingresar a un Centro de Prevención y Reinserción Social (Ceprereso) era una apasionada del fútbol llanero en Abasolo. Desde los ocho años jugaba en las canchas junto a sus hermanos, quienes la animaban a perderle el miedo al balón.
“Todos mis hermanos son deportistas. Yo empecé desde los ocho años y todavía sigo jugando”, relata con orgullo.
Aunque lleva más de dos décadas en prisión, el deporte continúa siendo una parte esencial de su vida. Cada mañana realiza ejercicio y, cuando hay actividades deportivas en el centro, participa en partidos de fútbol y voleibol con otras mujeres privadas de la libertad.
Uno de los recuerdos más especiales que guarda de los mundiales ocurrió durante Sudáfrica 2010. En ese entonces estaba embarazada de su segunda hija y sus compañeras no dejaban de poner la canción “Waka Waka”, la canción oficial de aquella Copa del Mundo.
“Mi hija va a cumplir 16 años; ella nació cuando estaba recluida y me decían que bailara el Waka Waka. Pues ahí me tienes, con ella en la panza”, recuerda entre sonrisas.
Aunque ya no puede reunirse con su familia frente al televisor como lo hacía antes, mantiene viva esa tradición. Mientras sus seres queridos ven los partidos en casa, ella aprovecha el medio tiempo para llamarles por teléfono y comentar las mejores jugadas.
Durante su estancia en el Ceprereso también logró concluir la licenciatura en Administración de Empresas, un logro que considera parte de su transformación personal.
Asegura que el mayor aprendizaje ha sido valorar las decisiones y asumir las consecuencias de sus actos, con el objetivo de convertirse en un mejor ejemplo para sus hijas.
“Ellas están estudiando, son deportistas y me dicen que yo soy el motivo para salir adelante; que, pese a estar aquí, les he demostrado que sí se puede”, expresó.
De acuerdo con la Secretaría de Seguridad y Paz del Gobierno de Guanajuato, el Sistema Penitenciario Estatal impulsa actividades deportivas, culturales, educativas y de desarrollo personal como parte de los cinco ejes de reinserción social, buscando fortalecer los vínculos familiares y brindar herramientas para que las personas reconstruyan su proyecto de vida.
La historia de Isela demuestra que, incluso detrás de los muros de un penal, la pasión por el fútbol puede convertirse en un puente para mantener viva la esperanza, fortalecer los lazos familiares y recordar que siempre existe la posibilidad de escribir un nuevo capítulo en la vida.

