La Feria de León 2026 no sólo decepcionó: se achicó. Se hizo pequeña cuando más necesitábamos que fuera grande. Después de dos ediciones que por fin habían puesto a León en la conversación nacional, llega un cartel que parece armado con prisas, sin ambición y sin entender que hoy las ferias no compiten por costumbre: compiten por atención, por turismo y por dinero.
La industria hotelera, que por fin respiraba —reservas llenas, tarifas elevadas, turismo que se quedaba más días— hoy vuelve a mirar al techo con la misma preocupación de siempre: cuartos vacíos y una derrama económica que se desinfla antes de empezar. Y sí, esa industria tiene derecho a estar molesta. Les cambiaron la promesa a media marcha.
Mientras tanto en Aguascalientes, la Feria de San Marcos afila los colmillos. Seguro anunciará mejores artistas: presumirá su liderazgo. Y lo hará con burla incluida, llamando a la Feria de León “una gran kermés”. Lo grave no es que lo digan —lo grave es que hoy muchos en León tienen que admitir que tiene su dosis de verdad.
Porque aquí no se trata de gustos musicales. Se trata de visión. De planeación. De entender que la feria más grande del estado no puede regresar al pasado como si nada.
León venía levantando la mano, compitiendo en serio, atrayendo visitantes y dejando dinero.
Y en un Bajío donde cada peso cuenta y cada evento importa, esto no es sólo una mala decisión: es una oportunidad perdida. Una de esas que tardan años en recuperarse.
La feria se achicó. Y uno esperaría que quienes la organizan, al menos, tengan la decencia de reconocerlo. Porque la gente ya lo hizo.
