Mientras más de 17 mil jóvenes voleibolistas llenan de emoción las canchas del Festival Nacional Infantil y Juvenil de Voleibol 2026 en León, hay una tradición que está robando miradas tanto dentro como fuera de la cancha: el intercambio de clips pintados a mano, un gesto que muchos ya comparan con las famosas pulseras de la amistad que intercambian los seguidores de Taylor Swift.
Lejos de ser un simple accesorio para el cabello, estos “volleyball clips” se han convertido en un símbolo de amistad, compañerismo e identidad dentro de este deporte.
Cada jugadora decora sus propios clips en casa con pintura, frases, dibujos, calcomanías o mensajes de ánimo, haciendo que cada pieza sea completamente única. Algunos llevan palabras de motivación como “Eres de oro”, mientras que otros muestran diseños divertidos o representan la personalidad de quien los creó.
Antes o después de los partidos, las jugadoras intercambian estos clips con integrantes de otros equipos. Más que un regalo, el gesto busca romper la idea de que el rival es un enemigo y fortalecer el sentido de comunidad entre quienes comparten la pasión por el voleibol.
Aunque no existe una fecha exacta sobre el origen de esta tradición ni una persona a quien se le atribuya su creación, la práctica comenzó a popularizarse alrededor de 2010 en torneos escolares de Estados Unidos y, desde entonces, se ha extendido a competencias de distintos niveles.
La dinámica recuerda a las “friendship bracelets” popularizadas por los fans de Taylor Swift, donde el intercambio de pulseras simboliza amistad y conexión entre personas que comparten una misma pasión.
Actualmente, esta tradición puede verse en el Festival Nacional Infantil y Juvenil de Voleibol 2026, que se realiza del 16 al 26 de julio en Poliforum León.
En su cuarta edición consecutiva, el evento rompió récord de participación con mil 465 equipos y más de 17 mil 500 jugadores provenientes de todo México, además de generar una derrama económica estimada en 450 millones de pesos para la ciudad.
Entre remates, bloqueos y emocionantes encuentros deportivos, los pequeños clips pintados a mano se han convertido en uno de los recuerdos más especiales del torneo, demostrando que, más allá de ganar o perder, el voleibol también se juega con amistad, creatividad y respeto.

