En una ciudad donde todo parece ocurrir con prisa, desde cruzar una calle hasta llegar al trabajo, una obra de danza contemporánea propone algo que parece sencillo, pero cada vez cuesta más: detenerse, respirar y conectar con los demás.
Se trata de Festina Lente, creación de la coreógrafa sonorense Daniela Urías, que llegará al Teatro de la Ciudad de Irapuato los próximos 19 y 20 de agosto, a las 19:00 horas, con entrada libre.
La pieza nació hace dos años durante la residencia artística de Urías en el Ballet Hispánico de Nueva York y, tras un proceso de creación que pasó por distintos cuerpos, ciudades y experiencias, finalmente llegará al público guanajuatense con el respaldo del estímulo fiscal EFIARTES.
El nombre de la obra proviene del latín Festina Lente, que significa “apresúrate despacio”. Y justamente esa contradicción es el corazón de la propuesta: cuestionar una vida dominada por la velocidad, la productividad y la necesidad de estar siempre haciendo algo.
“Va en busca de la desaceleración y la pausa para hacer las cosas con plenitud, que exista un goce, un disfrute en nuestras acciones”, explica Daniela Urías.
Un abrazo contra la prisa
Uno de los elementos centrales de la obra es un gesto cotidiano que muchas veces queda relegado en medio de las prisas: el abrazo.
Para la coreógrafa, abrazar representa una forma de resistencia ante la velocidad de la vida moderna. Es una manera de reconocer al otro, recuperar la presencia y volver a establecer contacto humano.
Pero en Festina Lente también aparece el llamado “abrazo imposible”: ese intento de acercamiento que busca la unión, aunque no siempre consigue concretarse.
La obra presenta cuerpos que avanzan con rapidez, pero también con torpeza, hasta alcanzar un estado frenético para después buscar otra cadencia: la quietud.
El público verá incluso un reloj en escena, convertido en una especie de vigilante que recuerda constantemente que el tiempo avanza. El objeto también representa la presión de un sistema que exige producir, consumir y desechar cada vez más rápido.
De Nueva York a Irapuato
Aunque buena parte de las escenas surgieron durante la residencia de Urías en Nueva York, la obra cambió al encontrarse con nuevos intérpretes y con la realidad de la Ciudad de México, otra urbe marcada por el ritmo acelerado.
La dramaturga colombiana Catherine Correa, quien acompañó a Urías durante su residencia en Estados Unidos, también continuó colaborando en el proyecto para ayudar a profundizar los conceptos y hacer más claro el diálogo con el público.
En el montaje participan, entre otros, Ana Estrada, maestra ensayadora, y Amanda del Valle, intérprete que también formó parte de la residencia en el Ballet Hispánico.
El equipo creativo se complementa con Andrés Zepól, en el diseño de vestuario; Carolina Jiménez, en escenografía e iluminación, y Donovan Sierra, responsable del diseño sonoro y la música.
La propuesta visual toma referencias de los espacios de tránsito de las grandes ciudades, como el famoso cruce de Shibuya, en Tokio, para construir la idea de los “no lugares”: sitios por los que millones de personas pasan, pero donde pocas veces existe un verdadero sentido de pertenencia.
Una pausa también fuera del escenario
Para preparar la obra, el equipo decidió alejarse temporalmente del ritmo urbano y trabajar en ArtBoretum, un centro de creación para las artes escénicas ubicado en el bosque de Chalma, Estado de México.
La naturaleza y la limitada comunicación telefónica permitieron a los artistas experimentar precisamente aquello que plantea la obra: bajar el ritmo.
“Necesitaba un lugar que, de alguna forma, nos hiciera detener el tiempo”, comparte Urías.
Ahora esa búsqueda llegará a Irapuato con una invitación sencilla para el público: hacer una pausa y preguntarse cuánto tiempo de nuestra vida dedicamos realmente a estar presentes.
Además de las funciones del 19 y 20 de agosto a las 19:00 horas, Daniela Urías impartirá una clase magistral el 18 de agosto en el salón de ensayos del Teatro de la Ciudad de Irapuato. Tanto la clase como las presentaciones serán de entrada libre.
Festina Lente llega así a Guanajuato no solamente como un espectáculo de danza, sino como una propuesta para mirar de otra manera el tiempo, el cuerpo y las relaciones humanas en medio de una sociedad que parece no detenerse nunca.



