El cierre del fideicomiso FIDESSEG marcó el fin de una etapa y el inicio de otra en la forma en que el Gobierno del Estado canaliza recursos hacia proyectos sociales.
Durante años, el Fideicomiso para el Desarrollo Social y la Seguridad fue presentado como un ejemplo de colaboración entre autoridades, empresarios y organizaciones civiles. Sin embargo, con el paso del tiempo, las auditorías y la falta de transparencia en algunos proyectos encendieron alertas. Repetición de beneficiarios, informes poco claros y la concentración de recursos en pocas manos terminaron por desgastar su credibilidad.
Ante ese panorama, surgió “Tocando Corazones”, un nuevo esquema que busca llevar los apoyos de manera directa a asociaciones pequeñas, colectivos y grupos comunitarios. La intención —según se ha explicado— es eliminar intermediarios, fortalecer la supervisión y que los recursos públicos lleguen realmente a quienes los necesitan.
Esta semana, el programa dio su primer paso concreto: se entregaron los primeros recursos y se firmaron los convenios de apoyo a 212 proyectos seleccionados en distintas regiones del estado. En total, se distribuyeron más de 779 millones de pesos, enfocados en temas como salud, discapacidad, alimentación, niñez, medio ambiente y prevención de la violencia.
Las organizaciones beneficiadas provienen de municipios como León, Irapuato, Celaya, Guanajuato capital y San Miguel de Allende. Varias de ellas trabajan desde hace años en comunidades rurales y zonas urbanas marginadas, pero por primera vez reciben financiamiento directo sin pasar por fundaciones intermediarias.
El cambio no estuvo exento de tensiones. Empresarios y fundaciones que participaron durante años en el fideicomiso criticaron la decisión y advirtieron una ruptura en la relación con el gobierno estatal. Sin embargo, las observaciones de la Auditoría Superior del Estado y los cuestionamientos sobre el manejo del fondo terminaron por inclinar la balanza a favor de una reestructuración.
En medio de la polémica, la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo mantuvo su postura. Aun con la presión de los sectores inconformes, defendió la necesidad de cambiar las reglas y dar paso a un modelo más transparente.
Con la entrega de estos primeros apoyos, Tocando Corazones deja de ser solo una promesa y se convierte en una realidad operativa. Lo que antes fue un terreno de disputa por el control del dinero público empieza a transformarse —al menos en intención— en un espacio donde las comunidades tienen voz y los recursos, rostro y destino.

