Pompones verde brillante, listones amarillos y coreografías llenas de energía cambiaron por unos momentos la rutina al interior del Centro de Prevención y Reinserción Social (Ceprereso) de León.
Quince mujeres privadas de la libertad hicieron historia al conformar la primera porra oficial del centro penitenciario, una iniciativa que surgió por propuesta de ellas mismas y que hoy se ha convertido en una herramienta para fortalecer la convivencia, el trabajo en equipo y su proceso de reinserción social.
La idea nació impulsada por el entusiasmo que ha despertado el Mundial de Fútbol 2026. Aficionadas al deporte, las internas decidieron organizarse para crear una porra desde cero. Diseñaron sus propios uniformes, prepararon coreografías, eligieron la música, realizaron ensayos y trabajaron en su acondicionamiento físico.
“Nos gusta el fútbol y nos animó al saber que es el primer equipo de porristas en este centro. Nos comenzó a agradar la idea porque no es algo que se vea y quisimos participar”, compartió una de las integrantes.
La Secretaría de Seguridad y Paz, a través del Sistema Penitenciario Estatal, respaldó el proyecto asignando horarios de ensayo para que las participantes desarrollaran la actividad de manera constante.
Sin embargo, el mayor logro no ha sido el espectáculo, sino los lazos que han construido entre ellas.
“La verdad es que la porra nos ayuda a ser unidas, al compañerismo, la empatía y a tener apoyos emocionales, o sea, apoyarnos unas con otras”, expresó otra de las participantes.
Como muestra de identidad, las integrantes eligieron los colores verde y blanco inspirados en el Club León, representando al equipo de la ciudad donde se encuentra el penal y también como una forma de apoyar al equipo de fútbol integrado por la población varonil del centro.
Esta actividad forma parte de la estrategia de reintegración social que impulsa el Sistema Penitenciario Estatal mediante cinco ejes fundamentales: trabajo, capacitación, educación, salud y deporte.
Más allá de los pompones y las coreografías, esta experiencia busca demostrar que incluso dentro de un centro penitenciario pueden surgir espacios para fortalecer la confianza, fomentar la solidaridad y ofrecer nuevas oportunidades para reconstruir un proyecto de vida.

