Durante años, escuchar el nombre de Guanajuato en la conferencia mañanera significaba casi siempre lo mismo: homicidios, violencia, masacres o enfrentamientos.Esta vez fue distinto.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, aseguró que Guanajuato registra una disminución del 65% en el promedio diario de homicidios como parte de la Estrategia Nacional de Seguridad.
Más allá del dato político, lo que llamó la atención fue otra cosa: el cambio de narrativa.
Porque durante años Guanajuato fue utilizado como ejemplo nacional de la crisis de violencia. Hoy, por primera vez en mucho tiempo, el estado apareció en la conversación nacional por una reducción y no por un incremento.
La declaración se dio durante el reporte federal de seguridad, donde además se informó sobre detenciones de generadores de violencia que operaban en la entidad.
Aunque nadie puede decir que el problema terminó, sí comienza a percibirse algo distinto en las calles y carreteras del estado: menos jornadas de bloqueos, menos episodios simultáneos de alto impacto y una presencia más visible de operativos conjuntos.
El reto sigue siendo enorme. Guanajuato aún carga años de violencia acumulada y regiones donde la inseguridad continúa golpeando fuerte.
Pero el dato federal abre una conversación distinta: ¿está comenzando a cambiar la historia del estado que durante años encabezó las cifras más duras del país?
Y quizá lo más llamativo no fue que lo dijera el Gobierno de Guanajuato. Lo dijo la propia Federación.


