
México enfrenta un cambio significativo en la composición de su población canina. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el país viven alrededor de 43.8 millones de perros en hogares, de los cuales más del 27%, es decir, cerca de 12 millones, ya se consideran adultos mayores.
Este aumento en la longevidad de las mascotas ha impulsado la necesidad de atención veterinaria especializada en geriatría, una rama que no solo se enfoca en tratar enfermedades, sino en gestionar la fragilidad del animal para mantener su calidad de vida el mayor tiempo posible.
A diferencia de la medicina veterinaria general, los especialistas en geriatría canina adoptan un enfoque integral. Su labor resulta clave en la detección de enfermedades silenciosas, ya que muchos propietarios suelen confundir síntomas como dolor crónico o desorientación con signos normales de envejecimiento. Sin embargo, estos pueden ser indicios de padecimientos tratables.
Otro de los retos en esta etapa es la multimorbilidad, es decir, la presencia simultánea de diversas enfermedades como insuficiencia renal, artritis o problemas cardíacos. En estos casos, el veterinario geriatra equilibra los tratamientos para evitar que los medicamentos de una condición afecten otra.
Asimismo, los cuidados paliativos cobran relevancia en fases avanzadas, al ayudar a los dueños a tomar decisiones informadas sobre el manejo del dolor y la calidad de vida de sus mascotas.
Especialistas coinciden en que la atención de perros mayores debe seguir protocolos específicos. Entre ellos destacan chequeos semestrales a partir de los siete años, que incluyan estudios como ultrasonidos, electrocardiogramas y pruebas de función renal y hepática.
La alimentación también juega un papel fundamental, con dietas adaptadas que incorporen proteínas de alta calidad y controlen minerales como fósforo y sodio, con el fin de proteger órganos vitales. En cuanto al manejo del dolor, especialmente en casos de osteoartritis, se recomienda el uso de terapias como fisioterapia, láser o tratamientos innovadores que mejoren la movilidad sin comprometer otros sistemas.
La salud cognitiva es otro aspecto a considerar, ya que los perros pueden desarrollar disfunción cognitiva canina, un trastorno similar al Alzheimer en humanos, que provoca desorientación y alteraciones en el sueño. Para ello, se sugiere estimulación mental constante y el uso de suplementos.
Finalmente, la adaptación del entorno en el hogar resulta esencial para prevenir accidentes, mediante la instalación de rampas, camas ortopédicas y superficies antideslizantes.
El envejecimiento de la población canina plantea nuevos desafíos para los dueños y el sector veterinario, que ahora deben enfocarse no solo en prolongar la vida de las mascotas, sino en garantizar que esta sea digna y de calidad.

