Estoy por cumplir 50 años y me tocó quedar en medio.
En medio de mujeres que ya no piden permiso para alzar la voz… y hombres que todavía preguntan por qué gritan.
A veces escucho a amigos decir que el 8M “se les pasó la mano”.Luego escucho a mujeres contar cosas que, la verdad, a muchos hombres nunca nos pasaron por la cabeza.
Y entonces uno entiende algo incómodo:que muchas de las cosas que nosotros veíamos como normales, para ellas nunca lo fueron.
También he descubierto otra cosa:las mujeres no piensan igual entre sí.Unas marchan, otras no.Unas gritan, otras dialogan.Unas creen que falta mucho; otras dicen que ya se avanzó bastante.
Y tal vez ahí es donde muchos hombres nos perdemos… porque pensábamos que esto era una sola conversación.
Pero no.
El 8M es incómodo para todos.Para los que no quieren cambiar nada… y también para quienes creen que todo lo anterior fue puro abuso.
Yo, la verdad, sigo tratando de entender.
Porque si algo he aprendido viendo a tantas mujeres abrirse paso —a veces contra todo— es que ignorar el tema ya no es opción.
Aunque tampoco creo que entenderlo todo sea requisito para empezar a escuchar.
Quizá por eso estamos muchos de mi generación:en medio.
Entre las que ya entendieron…y los que todavía estamos tratando de hacerlo.