La montaña vuelve a llamarla. Pero esta vez no es solo un reto físico. Es memoria, duelo, amor y transformación.
Laura se prepara para intentar su tercer ascenso al Everest, la cumbre más alta del planeta, en una expedición programada del 15 de abril al 4 de junio, meses después de la muerte de su esposo, el alpinista mexicano Yuri Contreras.
Yuri falleció a los 62 años tras sufrir un infarto mientras participaba en la competencia de ciclismo L’Étape by Tour de France, en Cancún. En vida fue reconocido por sus ascensos al Everest y a otras cumbres del mundo, consolidándose como uno de los montañistas mexicanos más respetados de su generación.
Su partida dejó una herida profunda. Pero también una convicción.
En un texto en Facebook titulado “La otra cara del amor”, Laura comparte cómo el dolor no borró lo vivido, sino que lo transformó en impulso.
“El amor verdadero no desaparece: se transforma en fuerza. Hoy sigo avanzando sostenida por el amor que me dejó”.
Laura y Yuri fueron —como ella misma lo escribe— un cruce de caminos en el momento preciso. Compartieron sueños, silencios, miedos y alturas. Se sostuvieron en los abismos y celebraron las cimas.
Cuando él partió, entendió que la vida no firma contratos con el futuro.
“La vida no se vive en el ‘hubiera’. Se vive en el ahora, en lo que aún late”.
El Everest, que Laura ya ha escalado en dos ocasiones, adquiere ahora un significado distinto. Subir será recordar. Honrar. Transformar la ausencia en energía.
No es solo una expedición. Es un proceso interior que iniciará el 15 de abril y se extenderá hasta el 4 de junio, semanas en las que la montaña pondrá a prueba no solo la resistencia física, sino la fortaleza emocional.
“Subir es recordar, honrar, reír nuevamente. Es convertir la ausencia en impulso”.
Este tercer Everest no se parece a los anteriores, porque Laura tampoco es la misma. Será una escalada más íntima que nunca. Y aunque los pasos de Yuri ya no resuenen junto a los suyos en la nieve, ella está convencida de que la acompaña hasta lo más alto del mundo.
En medio del duelo, Laura decidió no quedarse en la caída. Eligió seguir ascendiendo.
Porque, como ella misma escribió, el dolor es muchas veces la otra cara del amor profundo. Y cuando se transforma, puede convertirse en la fuerza que nos impulsa a tocar el cielo.

