En pleno periodo navideño, una resolución judicial ha vuelto a poner en el centro del debate público a Daniel Arizmendi López, alias El Mochaorejas, uno de los secuestradores más notorios de México en los años noventa, después de que circulara en redes sociales un documento que afirma que fue absuelto del delito de secuestro tras 27 años de prisión.
La noticia se viralizó rápidamente en plataformas como Facebook y TikTok, donde usuarios compartieron versiones del fallo judicial y comentarios sobre la posible libertad del criminal. Sin embargo, la realidad es más compleja: aunque una jueza federal determinó que las pruebas presentadas originalmente para acusarlo de secuestro fueron insuficientes, esta absolución aplica solo a ese cargo específico y no significará su salida de prisión.
Según el documento judicial que ha circulado en redes, la Jueza Segunda de Distrito en Materia Penal en el Estado de México, Raquel Ivette Duarte Cedillo, consideró que la evidencia aportada no acreditó de forma adecuada la responsabilidad de Arizmendi en el delito de privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro, por lo que dictó una sentencia absolutoria en ese punto.
La jueza determinó además que la pena de ocho años impuesta por delincuencia organizada ya fue cumplida, considerando el tiempo que el acusado ha pasado en prisión desde su detención en 1998.
Aunque circulen publicaciones que señalan su “inmediata liberación”, las autoridades judiciales aclararon que Arizmendi seguirá tras las rejas, ya que enfrenta otros procesos penales por delitos como delincuencia organizada, homicidio agravado y posesión de armas, que mantienen activa su estancia en el penal.
En redes sociales, usuarios han manifestado sorpresa, escepticismo y preocupación. Algunos consideran que la noticia podría convertirse en un “tema del momento” en plataformas como Facebook, donde se compartieron publicaciones que sugerían que El Mochaorejas estaba a punto de recuperar su libertad, situación que fue desmentida posteriormente.
La figura de Daniel Arizmendi López sigue presente en la memoria colectiva de México. Su apodo, El Mochaorejas, proviene de la macabra práctica de mutilar las orejas de sus víctimas para presionar a sus familias a pagar rescates durante su etapa criminal a finales de los años noventa, crimen que marcó un antes y un después en la percepción social sobre el secuestro en el país.
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