No es común ver a las y los alcaldes hablar en coro. Cada municipio suele cargar su propia urgencia, su propio rezago y, también, su propia agenda política. Por eso la carta enviada al Congreso del Estado no es un gesto menor: es una señal. Y en política, las señales importan.
El mensaje es claro y reiterativo: la obra pública no es gasto, es inversión. Detrás de esa frase —ya conocida— hay algo más profundo: presidentas y presidentes municipales diciendo “así no podemos solos”. Porque en el territorio, lejos de la tribuna y del debate ideológico, la exigencia ciudadana es concreta: calles, agua, drenaje, movilidad, espacios públicos. Obras que no caben en discursos, pero sí en presupuestos.
La carta respalda el financiamiento solicitado por la Gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, pero el fondo no es un cheque en blanco ni un acto de disciplina partidista. Es un recordatorio incómodo para el Congreso: las decisiones que ahí se toman no se quedan en el papel. Se traducen —o no— en concreto, en empleo local, en desarrollo regional.
También hay un llamado implícito a la madurez política. Los alcaldes piden que se vote pensando en los rostros de las comunidades, no en el cálculo de coyuntura. Suena bien, sí, pero también obliga a una pregunta necesaria: ¿habrá la misma claridad cuando llegue el momento de ejercer, supervisar y rendir cuentas sobre esos recursos?
Porque financiar es apenas el primer paso. Gobernar bien es ejecutar con transparencia y resultados. Y si esta carta logra algo positivo, ojalá sea eso: que el debate deje de ser binario —a favor o en contra— y se convierta en una discusión seria sobre cómo, dónde y para qué se invierte.
Al final, Guanajuato no necesita solo más obra. Necesita mejores decisiones. Y esas, aunque se firmen en bloque, se juzgan una por una.
