Este miércoles comienza la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, una de las fechas más significativas para millones de católicos, quienes inician un camino de 40 días de reflexión, conversión y acercamiento a Dios.
El vocero de la Arquidiócesis, Marcos Cortés Muñiz, destacó que este tiempo litúrgico es una oportunidad para que los fieles fortalezcan su vida espiritual a través de prácticas que impulsen un cambio real, tanto en la mente como en el corazón.
Un camino de 40 días hacia la transformación espiritual
Cortés Muñiz explicó que la Cuaresma representa un periodo de preparación rumbo a la Pascua, considerada la celebración central del calendario católico. Durante estos 40 días, los creyentes son invitados a reflexionar sobre su vida y a emprender un proceso de cambio interior.
“La palabra que más resuena en este tiempo es conversión, que significa hacer un cambio de mente y de corazón. No basta con querer cambiar, también se requiere voluntad para lograrlo”, señaló.
La ceniza: un signo de compromiso, no una obligación
El vocero aclaró que la imposición de la ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma, es un signo externo que simboliza el compromiso personal de iniciar este camino espiritual, pero no es una obligación ni su omisión representa un pecado.
Explicó que esta ceniza se obtiene tradicionalmente de las palmas benditas del Domingo de Ramos del año anterior, y se coloca en la frente o la cabeza como recordatorio de la fragilidad humana y la necesidad de conversión.
Asimismo, indicó que este signo está dirigido principalmente a quienes tienen conciencia del compromiso que implica, por lo que en el caso de niños pequeños no es indispensable.
Tres pilares para vivir la Cuaresma
De acuerdo con el mensaje compartido, inspirado en las orientaciones del Papa, la Cuaresma se vive a través de tres prácticas fundamentales:
- Escucha de la Palabra de Dios: participar en la misa y reflexionar sobre los mensajes bíblicos, aplicándolos a la vida diaria.
- Ayuno: no solo abstenerse de alimentos como la carne en días específicos, sino también renunciar a aquello que afecta negativamente la vida personal.
- Caridad: ayudar a los demás, ya sea con apoyo económico, tiempo o acompañamiento a quienes más lo necesitan.
“El ayuno no es solo dejar de comer, también es alejarnos de aquello que nos hace daño y nos impide vivir plenamente nuestra vocación”, puntualizó.
Un tiempo para cambiar y reconstruir
El vocero subrayó que la Cuaresma también es un momento para fortalecer los lazos familiares y comunitarios, invitando a las personas a reflexionar sobre su entorno y actuar en beneficio de los demás.
Finalmente, recordó que este periodo culmina con la celebración de la Pascua, cuando los fieles conmemoran la resurrección de Cristo, tras haber recorrido un camino de preparación espiritual.
“La Cuaresma es una oportunidad para decir: quiero ser mejor, quiero cambiar. Es un camino que, con esfuerzo y con la gracia de Dios, puede transformar nuestra vida”, concluyó.

