Carlo Acutis, un joven italiano de 15 años apasionado por la tecnología y la fe católica, será canonizado el próximo 7 de septiembre en Roma, anunció el Vaticano. Con una impresionante capacidad para utilizar las herramientas digitales, Acutis logró compartir espiritualidad y valores en una era marcada por el entretenimiento y el consumo de contenidos en línea.
Conocido como el “influencer de Dios” o el “ciberapóstol”, este adolescente creó una exposición digital sobre los milagros eucarísticos, que aún recorre el mundo y está traducida a numerosos idiomas. A pesar de que provenía de una familia poco practicante, desde pequeño mostró una profunda conexión con la fe y un interés particular en el potencial de internet como medio de evangelización.
Falleció en 2006 a causa de una leucemia fulminante, pero su legado ha seguido creciendo. La Iglesia lo beatificó en 2020 y, tras reconocer dos milagros atribuidos a su intercesión —en la salud de un niño brasileño y en la recuperación de una estudiante en Costa Rica—, será canonizado como el primer santo millennial.
Tecnología con propósito
En una época donde las redes sociales suelen asociarse con ansiedad, comparación y desinformación, la historia de Acutis ofrece una visión diferente: cómo las plataformas digitales pueden ser vehículos de conexión, espiritualidad y comunidad. Su vida inspira una conversación sobre el uso consciente y positivo de la tecnología, especialmente entre las generaciones jóvenes.
La canonización de Acutis también refleja una tendencia del Vaticano de dialogar con el mundo digital, mostrando que la fe puede coexistir con la innovación y que la espiritualidad puede nutrirse en los espacios online.
Más canonizaciones en camino
El 19 de octubre, el Vaticano canonizará a otros siete beatos, entre ellos al médico venezolano José Gregorio Hernández, conocido como “el médico de los pobres”, y al laico Pier Giorgio Frassati, reconocido por su compromiso social y pasión por el alpinismo.
Pero sin duda, Acutis ha logrado captar la atención global por su juventud y por haber entendido —antes que muchos adultos— que internet también puede ser un espacio de trascendencia.
