Cuenta la tradición que, durante las primeras misiones evangelizadoras en Guanajuato, un grupo de jesuitas llegó con la firme intención de llevar su fe a los pueblos originarios de la región.
Entre ellos se encontraban el padre Antonio de San Buenaventura y Fray Miguel de Bolonia, quienes, en búsqueda de reflexión espiritual, se retiraron a la cima del cerro de La Bufa, uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad.
En ese lugar de silencio y recogimiento, ambos religiosos habrían experimentado una visión de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
Según la tradición, fue él quien les pidió construir una capilla dentro de una cueva, como símbolo de fe, contemplación y comunión con la naturaleza.
Así nació la celebración del Día de la Cueva, una tradición profundamente arraigada en la identidad guanajuatense, que con el paso del tiempo ha trascendido lo religioso para convertirse en una jornada de convivencia familiar, cultura popular y reencuentro con las raíces.
