Cactáceas gigantes únicas en el mundo, pueblos originarios como la cultura otomí y paisajes que parecen sacados de una postal conforman el rostro más auténtico de Guanajuato. Lo mejor: muchos de estos rincones se encuentran a menos de 40 minutos de la ciudad más grande del estado, listos para sorprender a quienes buscan algo más que los destinos tradicionales.
Con el objetivo de visibilizar y fortalecer estas joyas poco conocidas, la Secretaría de Turismo e Identidad (SECTURI) del Gobierno de Guanajuato impulsa el programa Encantos de Guanajuato, una estrategia que reconoce a comunidades con vocación turística por su valor natural, histórico, cultural o gastronómico, y las acompaña para consolidarse como destinos con experiencias auténticas.
Las localidades que forman parte del programa reciben capacitación, promoción, certificación, incentivos a la inversión e infraestructura, lo que se traduce en beneficios directos para sus habitantes y en nuevas opciones para quienes desean conocer el estado desde una perspectiva más cercana y humana.
Cada “Encanto” ofrece una razón distinta para visitar Guanajuato:
Tierra Blanca, en la Sierra Gorda, es un santuario natural y cultural otomí. Su riqueza biológica y su identidad indígena se complementan con un Centro Holístico que promueve el turismo de bienestar y el contacto profundo con la naturaleza.
Atarjea, también en la Sierra Gorda, es un verdadero paraíso para el ecoturismo y la aventura. Entre montañas, senderos y vestigios prehispánicos, el visitante se encuentra con paisajes de gran diversidad natural.
Nuevo Valle de Moreno, en León, resguarda historia en la Sierra de Lobos. Su patrimonio arquitectónico y memoria independentista lo convierten en una parada clave del antiguo Camino Real hacia las minas de Guanajuato.
Nuevo Chupícuaro, en Acámbaro, conecta con las raíces ancestrales del estado. Su herencia prehispánica sigue viva en la cerámica, la gastronomía y las tradiciones que dan identidad a la comunidad.
Cañada de Caracheo, en Cortazar, se extiende al pie del Cerro del Culiacán. Ojos de agua, calles históricas y sitios religiosos la convierten en un espacio donde la naturaleza y la tradición conviven día a día.
Puruagua, en Jerécuaro, es ejemplo de vida rural y trabajo comunitario. Destaca por su vocación agrícola, sus obrajeros tradicionales y la hospitalidad que caracteriza a su gente.
San Miguel Ixtla, en Apaseo el Grande, es un sitio de fe y patrimonio. Sus Capillas de Indios resguardan una memoria histórica y religiosa que sigue siendo parte esencial de la vida local.
Con Encantos de Guanajuato, el estado amplía su oferta turística y apuesta por destinos que reflejan identidad, comunidad y tradición. Son lugares para recorrer sin prisa, escuchar historias, probar sabores locales y convivir con su gente. Guanajuato, así, se descubre desde el corazón de sus pueblos.
