- Un estudiante de Medicina de León presentó en el Congreso Europeo de Cardiología un estudio que advierte que las herramientas tradicionales podrían estar subestimando el riesgo cardiaco de pacientes con afectaciones emocionales.
La salud mental podría estar jugando un papel más importante de lo que actualmente consideran algunas herramientas médicas para detectar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Esta fue una de las principales conclusiones de una investigación presentada en Alemania por Daniel Gonzalo Gómez Revilla Mancilla, estudiante de sexto semestre de la Licenciatura en Médico Cirujano de la Universidad de Guanajuato (UG) Campus León, quien participó como ponente titular en el Congreso Europeo de Cardiología (ESC 2026), realizado en Múnich.
El encuentro reunió a alrededor de 30 mil especialistas e investigadores de distintos países, por lo que la presentación representó una oportunidad para llevar el trabajo realizado desde Guanajuato a uno de los principales foros internacionales en materia cardiovascular.
¿Qué encontraron?
La investigación analizó información obtenida durante jornadas de tamizaje realizadas entre 2021 y 2025 por la asociación civil Salvando Latidos, en las que se evaluaron, entre otros aspectos, la presión arterial y los niveles de glucosa de habitantes de distintas comunidades.
El estudio se enfocó en conocer la relación entre el distrés emocional, es decir, las afectaciones relacionadas con la salud mental, y la aparición de síntomas físicos asociados con problemas cardiovasculares.
Los resultados encontraron una relación entre el deterioro del bienestar emocional y síntomas como la disnea —falta de aire— y el presíncope, que puede manifestarse como sensación de mareo o desvanecimiento.
Pero el hallazgo que más llamó la atención fue otro: las herramientas tradicionales utilizadas para calcular el riesgo de sufrir un evento cardiovascular durante los siguientes 10 años no consideran variables relacionadas con la salud mental.
Esto puede provocar que una persona que presenta distrés emocional y, al mismo tiempo, síntomas cardiovasculares físicos sea clasificada dentro de un nivel de riesgo considerado “normal”.
En otras palabras, el riesgo real de algunos pacientes podría estar siendo subestimado si la evaluación únicamente toma en cuenta los factores tradicionales y deja fuera su estado emocional.
Tres meses de análisis para llegar a Alemania
Daniel Gómez explicó que, junto con sus compañeras y compañeros, participó en la interpretación clínica de los datos y en los análisis estadísticos.
El trabajo de análisis tomó alrededor de tres meses de trabajo intensivo, dentro de un proceso que se extendió durante aproximadamente un año desde la organización de la información hasta la aceptación y presentación de la investigación en Alemania.
El estudio fue desarrollado de manera conjunta por el Grupo de Interés en Cardiología de la Universidad de Guanajuato (CIG-UG) y Salvando Latidos.
Para el estudiante leonés, la experiencia también significó definir con mayor claridad su futuro profesional, pues ahora contempla especializarse en Cardiología.
“Me gustaría alentar mucho a todos los estudiantes a que, si tienen algún interés específico por alguna especialidad, se animen a hacer investigación”, compartió.
Buscan llevar más investigaciones a Europa
El trabajo presentado en Múnich no será un punto final. El CIG-UG ya prepara nuevas investigaciones para participar en la edición 2027 del Congreso Europeo de Cardiología, que se realizará a finales de agosto del próximo año en Milán, Italia.
La intención es aprovechar la experiencia obtenida en Alemania para preparar con anticipación nuevos proyectos y ampliar la participación de estudiantes e investigadores de la Universidad de Guanajuato en este tipo de encuentros internacionales.
Más allá del reconocimiento para el estudiante, la investigación pone sobre la mesa un tema que puede tener implicaciones para la atención médica cotidiana: la salud cardiovascular y la salud mental no necesariamente pueden evaluarse como problemas separados, especialmente cuando una persona presenta síntomas físicos y afectaciones emocionales al mismo tiempo.
El reto que plantea el estudio es avanzar hacia herramientas de evaluación más completas que permitan identificar de manera oportuna a quienes podrían tener un riesgo cardiovascular mayor al que reflejan las calculadoras tradicionales.


